“Far From The Crowds, Close To What Matters” muestra cómo un turismo de bajo volumen está cambiando la vida de las comunidades tradicionales dentro de un parque recién declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO
PlanetaEXO presentó oficialmente su nuevo cortometraje, “Lençóis Maranhenses: Far From The Crowds, Close To What Matters”. El documental, que se estrena en YouTube el 23 de septiembre, retrata el profundo impacto socioeconómico de un trekking de varios días con grupos pequeños en el Parque Nacional de los Lençóis Maranhenses, en Brasil, y contrapone la realidad de las comunidades remotas a la ola de turismo masivo que no para de crecer en la región.
El parque nacional vive un momento de exposición turística sin precedentes. Impulsado por su reciente inclusión en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, en 2025 recibió 656 388 visitantes, según el ICMBio: un 41 % más que el año anterior.
Saber cuál es la mejor época para visitar los Lençóis Maranhenses se volvió clave para quien quiere evitar las multitudes. El minidocumental, sin embargo, lleva la mirada aún más lejos de las lagunas de fácil acceso. Se centra en las comunidades que viven dentro de la reserva y en sus alrededores, y que apostaron por el hospedaje en casas de familias locales como fuente de ingresos.
Mucho más allá de las lagunas concurridas: el paisaje espectacular de los Lençóis Maranhenses, donde el turismo de bajo impacto está cambiando la vida de quienes viven en el parque. (Foto: Isadora Sá)
“Nos quedamos con la parte más pequeña a propósito”, explica Lucas Ribeiro, fundador de PlanetaEXO y director del cortometraje. “Si la mayor parte del dinero no se queda con la gente que recibe al viajero, le cocina y camina a su lado, no es turismo comunitario. Es solo un paisaje bonito puesto a la venta”.
Datos concretos que respaldan el relato
Los números de PlanetaEXO, que conecta a los viajeros directamente con socios locales, demuestran que el modelo que retrata el minidocumental funciona. En las dos últimas temporadas, la empresa llevó a cruzar las dunas a un grupo reducido de apenas 583 viajeros.
Al mantener el 80 % de los ingresos brutos en el destino, la operación inyectó más de R$ 1,4 millones (unos US$ 250 000) directamente en la economía local. El dinero llegó a las familias anfitrionas, los conductores y los guías sin comisiones de intermediarios.
Lejos de las multitudes, cerca de lo esencial. El turismo de travesía apuesta por grupos pequeños para que un alto porcentaje de los ingresos se quede en las comunidades locales. (Foto: Isadora Sá)
De las redes de pesca a la hospitalidad
“Far From The Crowds, Close To What Matters” pone rostro a estas cifras con el día a día de los habitantes del oasis de Baixa Grande, a horas de la carretera más cercana.
Durante años, Seu Moacir vivió de la pesca de subsistencia. Con el turismo, sus ingresos cambiaron. “Veinte años en la pesca. Pescábamos para vender y casi no dejaba nada. El turismo da un poco más”, cuenta en la película.
“Antes todo era muy difícil”, añade Dona Dete, su esposa, que recibe a los viajeros junto a él. “Después llegó el turismo y las cosas mejoraron, gracias a Dios. Nuestro lugar era más pequeño, teníamos pocas casitas. Ahora está mejor. Tengo con qué recibir a más gente”.
De pescadores a anfitriones: la vida de Dona Dete y Seu Moacir cambió gracias a los ingresos del turismo en el oasis de Baixa Grande. (Foto: Marcelo Bonifácio)
Para quien busca tours auténticos por los Lençóis Maranhenses, alejarse del turismo masivo es decisivo. “Queríamos conocerlo de una forma nada turística. No queríamos ir en grupos enormes”, explica la viajera francesa Morgane Meyer en un testimonio grabado durante el trekking.
En busca de una experiencia auténtica, lejos del turismo masivo, los viajeros franceses Morgane y Guillaume eligieron la clásica travesía a pie. (Foto: Isadora Sá)
El turista portugués Diogo Melo coincide. “El impacto positivo en las comunidades es muy evidente. Cuando nos alojamos [en sus casas], se nota que esto ayuda a las familias a tener un nivel de vida más estable”.
Para el viajero portugués Diogo Melo, lo mejor del viaje es ver el impacto positivo y directo del turismo en la estabilidad de las familias anfitrionas. (Foto: Isadora Sá)
La película forma parte del esfuerzo de PlanetaEXO por demostrar que el turismo en las áreas naturales de Brasil debe descentralizar los ingresos y convertir la conservación y el desarrollo local en un modelo de negocio rentable para los socios locales.
Ficha técnica | “Lençóis Maranhenses: Far From The Crowds, Close To What Matters”
Formato: Cortometraje documental
Duración: 5 min 30 s
Dirección: Lucas Ribeiro
Dirección de fotografía: Isadora Sá y Marcelo Bonifácio
Montaje: Marcelo Bonifácio
Entrevistas: Lucas Ribeiro e Isadora Sá
Participan: Seu Moacir y Dona Dete (Baixa Grande – Lençóis Maranhenses), Bruno Lamas (Brasil), Carol Costa (Brasil), Diogo Melo (Portugal), Franck Nicolas (Francia), Guillaume Poupin (Francia), Magali Liprandi (Francia), Marcelo Zelarayán (Barreirinhas – Brasil) y Morgane Meyer (Francia).
Una profesora eslovena jubilada, un marido con cámara y seis días entre Barreirinhas, Atins y Santo Amaro, en palabras de la propia Maja
Maja Žumer tiene 73 años y dedicó su carrera a enseñar ciencias de la información en la Universidad de Liubliana, en Eslovenia. Lleva un año jubilada oficialmente, pero sigue vinculada a un programa de investigación. Por eso mismo, en 2026, un congreso en São Paulo volvió a poner a Brasil en su agenda.
Brasil no era nuevo para ella, y las dunas de Lençóis tampoco: llevaba años mirándolas en fotos. Hacía 15 años que Maja soñaba con el Parque Nacional de los Lençóis Maranhenses y ya lo había intentado una vez, sin éxito. Esta vez sí lo consiguió y viajó con su marido, Slobodan Žumer, un fotógrafo apasionado.
En agosto de 2026, la pareja hizo el itinerario completo en los Lençóis Maranhenses, organizado por PlanetaEXO con guías locales. Es un recorrido que une por carretera, río y 4×4 las tres bases principales del parque: Barreirinhas, Atins y Santo Amaro. Esta es su historia. ¡Te la contamos a continuación!
Quince años, un intento fallido y un viaje de ahora o nunca
Todo empezó en familia. Hace unos 15 años, la nuera de Maja llegó a casa con un descubrimiento: un lugar de Brasil llamado Lençóis Maranhenses. Maja se enamoró de la idea al instante. La distancia, eso sí, parecía un obstáculo.
La primera oportunidad llegó hace 10 años, con un congreso en Río de Janeiro. Buscó por todas partes a alguien que le organizara el viaje y no encontró a nadie; viajar sola lo complicaba todavía más. Así que cambió de plan y fue a las Cataratas del Iguazú. “Fue precioso, tengo que admitirlo”, contó, “pero no era Lençóis”.
Este año surgió un segundo congreso, esta vez en São Paulo, y la decisión fue fácil: “Es ahora o nunca”. Maja escribió a varias agencias, pero PlanetaEXO marcó la diferencia. “PlanetaEXO fue la única que me respondió de inmediato, siempre estuvo disponible y contestó todas mis preguntas”, recuerda.
Hoy, mirando atrás, lo tiene claro: “Probablemente era mi última oportunidad. Y salió perfecto”.
Un destino único que ni los viajeros más experimentados conocen
Maja ha viajado por todo el mundo: Argentina, México, Guatemala, el Sahara. Aun así, Lençóis le pareció algo completamente único.
“Puedo decir que es bastante excepcional”, afirmó. “No hay nada igual. Ni siquiera otros desiertos se le pueden comparar, por el color y, claro, por esa combinación con el agua”, añadió, entusiasmada.
De vuelta en casa, le sorprendió lo poco que se conoce Lençóis Maranhenses. “Cuando se lo menciono a la gente, incluso a quienes viajan mucho y han estado en Brasil muchas veces, nunca han oído hablar de él”, comentó. Una prueba más de lo singular que es este parque nacional.
En 4×4 por las dunas, como si fuera nieve
Después de quince años viendo fotografías, las expectativas eran altísimas, pero Maja y Slobodan descubrieron que las fotos no alcanzaban a mostrar la belleza real de Lençóis Maranhenses. El primer trayecto en 4×4 se le quedó grabado. ¿Cómo podía un paisaje de arena parecerse tanto a una escena de invierno?
“Es como ir por la nieve, y a mí me encanta esquiar, así que para mí es algo muy, muy positivo”, contó maravillada. Las dimensiones del lugar también la fascinaron: “Claro que sabía que es una zona enorme, pero no era del todo consciente de que se podía ver tan lejos y de que todo cambiaba constantemente”.
Un paisaje distinto cada hora y un marido feliz con su cámara
Durante seis días, la pareja recorrió el Parque Nacional de los Lençóis Maranhenses, y la vista no se repitió ni una sola vez. “Siempre era algo distinto. La vista era distinta, la luz era distinta. Nunca, nunca fue aburrido”, dijo Maja. El buen tiempo los acompañó, y la hora del día hizo el resto: “El mediodía es muy diferente de la tarde, de la mañana o del atardecer”.
También cambiaba la textura de las dunas. Para un amante de la fotografía como Slobodan, Lençóis era un “paraíso para fotógrafos”. Según Maja, no cabía en sí de alegría, y los guías se dieron cuenta.
“Siempre paraban para las fotos. Bastaba con hacer una seña y paraban enseguida”, recuerda. “Aunque no hiciéramos ninguna seña, en cuanto veían a mi marido intentando sacar una foto, bajaban la velocidad de inmediato”.
Lagunas cálidas y 10 metros de playa solo para ellos
El itinerario completo encadena circuitos de lagunas desde las tres bases: Lagoa Azul (Barreirinhas); Ponta do Mangue y Canto do Atins (Atins); y Lagoa do Junco y Lagoa do Reflexo (Santo Amaro).
A Maja le encantaron todas, y hubo un detalle que le llamó especialmente la atención: la temperatura. “Me sorprendió lo cálida que estaba el agua”, dijo. “Quizás sea otra vez esa asociación con la nieve”.
Tampoco hubo aglomeraciones. Los guías los llevaron a algunas lagunas donde no había nadie más y a otras con algo más de gente, aunque nunca llenas. “Siempre tuvimos nuestros 10 metros de playa para nosotros solos. Los guías hicieron muy buen trabajo a la hora de elegir las lagunas y las vistas”.
Tres bases, un río y ninguna prisa
Maja y Slobodan recorrieron Barreirinhas, navegaron en lancha rápida por el río Preguiças hasta Atins y disfrutaron muchísimo en Santo Amaro. Nada de eso exigió esfuerzo físico.
“De todos modos, casi no había que caminar. Aunque ya somos mayores, todavía estamos bastante en forma. Los dos seguimos esquiando. Físicamente fue muy fácil y relajado, y había tiempo suficiente”, explicó. Para ella, la experiencia resultó cómoda y gratificante a la vez.
Ese ritmo tranquilo fue una de las cosas que más le gustaron. “Nunca íbamos con prisa, y siempre sabíamos de antemano cuánto tiempo teníamos en cada lugar. Todo fue sobre ruedas”.
La organización del itinerario les funcionó muy bien: cada tarde, los guías les presentaban el programa del día siguiente. Para Maja, eso fue una gran ayuda. “Si no, habríamos tenido que hacer memoria y pensar: ‘¿Lo recuerdo bien o no?’. Así que fue maravilloso”.
Anfitriones sonrientes, pousadas limpias y el cajú por primera vez
Lejos de las dunas, lo primero que Maja notó fue el carácter de la gente. “La gente siempre está de buen humor, siempre sonriendo. No ves caras largas”, dijo, también sonriente. “Hay muy buen ambiente”.
En los restaurantes, el personal se esforzaba al máximo y los ayudaba con el idioma; en las pousadas, los anfitriones se ocupaban de que estuvieran cómodos y de que todo marchara bien.
Todos los alojamientos, reservados también a través de PlanetaEXO, superaron las expectativas. Cada uno tenía su propio carácter (unos más relajados que otros), pero todos resultaron “muy bonitos, limpios y cómodos. No tuvimos ningún problema”, cuenta Maja.
En la mesa hubo pescado, carne y, por supuesto, arroz con frijoles. La novedad fue el cajú, el fruto del marañón o anacardo: lo probó en una bebida y le pareció muy interesante y auténtico, como todo lo demás en Lençóis Maranhenses. “Todo estaba delicioso”.
En Lençóis, a Maja ni se le pasó por la cabeza preocuparse. La pareja paseaba por Atins en su tiempo libre, incluso de noche, y ella nunca se sintió intranquila. “Siempre nos sentimos seguros”, afirmó.
São Paulo y Río son otra cosa, reconoce, aunque eso no la sorprendió. “Todas las grandes ciudades son así. Hay que tomar precauciones y no hacer tonterías. Eso no me asusta. He estado en muchísimos lugares”.
Por experiencia, lo que Maja le recomienda a cualquier viajero es usar el sentido común.
Lençóis en tres palabras y el próximo destino de Maja
Le pedimos a Maja que describiera el viaje en tres palabras: Encantador. Abrumador, “pero en el buen sentido, porque este paisaje tan bonito despierta todos los sentidos”. Y pura alegría.
Su consejo para quien esté pensando en Lençóis Maranhenses o en Brasil es sencillo: “Hazlo cuanto antes. No lo dudes”.
Siendo realista, Maja no sabe si habrá otro viaje a Brasil, pero la lista ya está hecha. Slobodan disfrutó mucho de sus viajes anteriores a Manaus y a la Amazonia, así que a ella también le gustaría conocerlos, además del sur de Brasil.
Al fin y al cabo, Lençóis ya le demostró que los planes pueden dar sorpresas. “Hace diez años no imaginaba que volvería”, dijo. “Así que, ¿quién sabe? Nunca diría que no”.
Visitar Lençóis Maranhenses con PlanetaEXO
Dunas que parecen nieve recién caída, lagunas tan templadas que invitan a quedarse y días sin prisa: después de ver el parque con los ojos de Maja, ahora sabes que la espera vale la pena.
PlanetaEXO es una plataforma de ecoturismo especializada en tours a los Lençóis Maranhenses. Trabajamos con guías y operadores locales con experiencia y nos ocupamos de toda la logística para que solo tengas que pensar en las dunas. ¡Contáctanos ahora!
Una familia británica y cuatro días en una hacienda ganadera en plena actividad junto al río Aquidauana, contados por la propia Sally
Sally Heal tiene 48 años, es de un pequeño pueblo del centro de Inglaterra y es profesora, aunque hoy dedica casi todo su tiempo a formar a otros docentes. Su hija llevaba un año viviendo en Chile y ya conocía Brasil, adonde había viajado con amigos.
Durante el invierno chileno, la familia quería calor. Sally, su marido y sus dos hijos, ya adultos (de 20 y 22 años), eligieron Brasil. Costa Rica estuvo sobre la mesa, pero el costo más alto, las rutas aéreas complicadas y la lluvia la dejaron fuera. Era su primer viaje a Brasil y su segunda visita a Sudamérica.
El recorrido empezó en Río de Janeiro, que encantó a toda la familia, y siguió por Ilha Grande antes de volar hacia el oeste, a Campo Grande. Querían ver fauna, flora y cómo se vive en Brasil lejos de las ciudades. Estuvieron a punto de ir a la Amazonía, pero al final eligieron el Pantanal, el humedal de 210.000 km² que se extiende por Mato Grosso y Mato Grosso do Sul. Su marido lo tenía claro desde el principio.
A finales de agosto de 2026, la familia pasó cuatro días en la Pousada Aguapé, un lodge a orillas del río Aquidauana, en un tour por el Pantanal desde Campo Grande organizado por PlanetaEXO y dirigido por un guía local. Esta es su historia. ¡Sigue leyendo!
Una hacienda ganadera de verdad, no un hotel de cinco estrellas
Sally esperaba un lodge muy sencillo, y acertó solo a medias. «Era básico, pero mucho más grande de lo que pensaba y mucho más cómodo», contó. La ducha era mejor de lo que imaginaba, y fuera de la habitación la familia tenía espacio para secar la ropa y sentarse a la sombra.
La Pousada Aguapé funciona en una hacienda ganadera tradicional que pertenece a la misma familia desde hace más de 150 años. Tiene 15 habitaciones, piscina y una zona de hamacas. Para Sally, la sencillez era justamente lo que buscaba. «No quiero ir al Pantanal y quedarme en un lugar que parezca un hotel de cinco estrellas, porque para eso me voy a un hotel de cinco estrellas en cualquier otra parte».
Quería el Pantanal en estado puro. «Los armadillos pasaban por el restaurante, los pájaros se posaban en la terraza mientras comías, los tucanes volaban sobre tu cabeza y los guacamayos anidaban a tu lado mientras estabas en la piscina… Fue sencillamente genial».
La hacienda sigue en plena actividad. A Sally le gustaba observar a los pantaneiros (los vaqueros de la región) «cada uno con su propia montura y con el cuchillo metido en la parte de atrás del pantalón», totalmente a gusto entre los caballos. Sin duda era otra forma de vida, pero tenía algo auténtico, casi poético.
El primer recuerdo que Sally tiene de Bruno, el guía de la familia, no tiene nada que ver con animales. Llegaron al lodge justo a la hora del almuerzo, y él fue a sentarse en otra mesa. «No dio por hecho que quisiéramos sentarnos con él; esperó a que lo invitáramos a comer y conversar con nosotros. Respetó mucho que fueran nuestras vacaciones, y eso me pareció un detalle muy bonito».
Después llegó la fauna, y con ella su buen ojo. El primer animal que vieron fue un ñandú común, esa ave enorme que no vuela y que en Brasil llaman ema. Bruno lo identificó al instante y hasta supo que era una hembra. A partir de ahí, cada ave venía con su especie y, muchas veces, con su edad.
En el río no se desconectaba ni un momento y no dejaba de descubrir animales. Sally quedó tan sorprendida que le preguntó cómo hacía para verlos. Bruno le contestó que sabía lo que buscaba: apenas un leve movimiento. Y ella lo resume en una cifra. «No habríamos visto el 80 % de lo que vimos si Bruno no nos lo hubiera señalado».
Bruno y el barquero trabajaban en equipo y maniobraban para que todos tuvieran la mejor vista y la mejor foto. Cuando encontraron monos aulladores, Rafael, del equipo del lodge, intentó imitar sus aullidos, y al hijo de Sally le pareció divertidísimo. Bruno le siguió el juego. «Tiene una enfermedad. Solo nos queda seguirle la corriente y dejar que haga esos ruidos», bromeó.
Osos hormigueros, tucanes y un lagarto con la panza llena
El primer paseo en lancha empezó con una prueba de nervios: un caimán tendido justo delante de la embarcación. Un miembro de la familia (prometimos no decir quién) pasó un miedo terrible. Los guías lo convirtieron en una broma que se repitió todo el viaje y, de paso, en una lección, porque los caimanes no quieren saber nada de las personas. «Basta con decir “¡fuera, fuera!” y caminar hacia ellos: salen corriendo», explicó Sally.
A partir de ahí, los avistamientos no pararon. Los tucanes volaban alrededor de la piscina, y los armadillos, osos hormigueros, ñandúes y capibaras aparecían en cantidades que Sally nunca había visto.
Un hallazgo se le quedó grabado: un huevo de ñandú, ya vacío, con el lagarto que se lo había comido todavía echado al lado. «Estaba ahí tirado, satisfecho y con la panza llena, junto a un huevo vacío», recordó. «No es agradable, pero fue algo muy curioso».
Photo: Birger Strahl
El único animal que nunca apareció fue el jaguar. El consuelo llegó después, de la mano de una familia húngara con la que hicieron amistad en los paseos en lancha. Los húngaros continuaron hacia el Pantanal Norte y le mandaron a Sally «las fotos y los videos de jaguares más increíbles, porque vieron un montón».
Conviene saberlo: las mayores probabilidades de ver un jaguar están en el Pantanal Norte, mientras que el Sur destaca por la fauna de las haciendas, como los animales que vio Sally. En ambas regiones, la temporada seca, de julio a octubre, concentra a los animales alrededor del agua que queda.
Sally nunca se había subido a un caballo. «Me intimidaba bastante. Y encima me dieron el caballo más grande, y yo mido apenas 1,57 m». Más tarde descubrió el motivo: era el caballo más viejo y más tranquilo de la hacienda.
La cabalgata terminó siendo la actividad favorita de la familia. «Creo que fue nuestro mejor día», dijo Sally. El guía que la dirigía era «genial, divertidísimo», y no paraba de hacer que los caballos de su hijo y su hija fueran un poco más rápido, «solo para sacarlos de su zona de confort y reírse un rato con ellos». Y después la ruta se metió de lleno en el agua.
Photo: Pousada Aguapé
Lo que Sally más valora es cómo se ve el paisaje desde un caballo. «Estás cerca de los animales y del entorno, y sientes que formas parte de él, en vez de ir dentro de un auto. En el auto hay una sensación de distancia respecto de lo que estás viviendo, mientras que a caballo es muy distinto».
Y le quedó la satisfacción de haberlo logrado: «Al terminar, siento que hice algo que nunca habría hecho en el Reino Unido», reflexionó.
Caipiriñas, postres y seis tatuajes de fruta
La comida del lodge fue, en palabras de Sally, «excepcional». Con dos hijos adultos siempre hambrientos y «un marido al que le encanta la carne», la cantidad importaba tanto como la calidad, y el lodge cumplió con ambas. La sorpresa llegó con el postre: pasteles y dulces que no se parecen a nada de lo que se come en el Reino Unido.
La barrera del idioma nunca impidió las risas. «Ellos se interesaban por nosotros y nosotros por ellos», dijo. «Yo lo describiría como un intercambio de bromas, aunque hecho más con mímica que con palabras».
Una noche, Rosana, que trabaja en el bar, dejó que Sally se pusiera detrás de la barra y preparara caipiriñas para todos. «Bailamos y cantamos, y fue muy divertido». Y detrás había un plan. «Quería aprender a hacerlas para poder prepararlas al volver a casa».
El recuerdo más original se lo dio Rafael, otro guía del lodge. La familia vio un tatuaje temporal en su brazo y le preguntó por él, así que Rafael se ofreció a hacerles unos iguales. Se los hizo con una mezcla de carbón y jugo de fruta que se va borrando a lo largo de varias semanas. Sally se hizo seis. Cuando hablamos con ella, solo le quedaba uno, en la mano que casi no se había lavado. Y el motivo tiene que ver con lo que pasó después.
Un dedo roto y un equipo que no perdió la calma
El accidente ocurrió en el momento menos aventurero del viaje. Después de cabalgatas, caminatas y paseos en lancha, Sally jugaba al voleibol con su hijo en la piscina cuando la pelota «me dio mal». Tenía el dedo completamente roto.
«Nadie podía haberlo previsto. No fue culpa de nadie», señaló. «Piensas en todo lo que hicimos, como montar a caballo o hacer senderismo, y podría haber pasado cualquier cosa. Y no fue haciendo nada de eso. Fue en un simple momento de descanso».
Pasó lejos de todo. «Estábamos bastante aislados en el Pantanal, en medio de la nada, la verdad, y podría haber sido un desastre total». El hospital más cercano quedaba a alrededor de una hora por un camino de tierra. Quien gestiona el lodge llevó a Sally en auto, la acompañó y le tradujo todo. Bruno también ayudó muchísimo en el hospital. «Además, todos estaban muy tranquilos. Nadie entró en pánico, y daba gusto verlo».
Sus hijos se quedaron en el lodge y siguieron con las actividades. «Cuando volví, lo habían disfrutado muchísimo», contó. «[El equipo] convirtió lo que podría haber sido una pesadilla en un día muy agradable para mis hijos y me cuidó muy, muy bien. Quedé muy agradecida».
Aun así, la lesión acortó el viaje. El plan era pasar un par de días en São Paulo y seguir hacia las cataratas del Iguazú. En cambio, Sally volvió antes a casa con su hijo, y su marido y su hija regresaron a Chile para esquiar.
¿Se sintió segura en Brasil? La respuesta sincera de Sally
Antes del viaje, varias personas advirtieron a la familia de que Río de Janeiro y São Paulo podían ser peligrosas. Sally no vivió nada de eso. «Nunca me sentí en peligro. Nunca me sentí incómoda. Fue una sorpresa, pero de las buenas».
Tiene una teoría para explicarlo, y dice tanto del viajero como del país. «Cuando viajo, siempre espero que la gente sea cálida, acogedora y amable. Y creo que parte de eso depende de cómo te comportas como invitado en un país ajeno. Tu forma de comportarte suele determinar cómo te reciben».
En el Pantanal, esa calidez vino acompañada de sentido del humor. «Aunque no hables el idioma, el personal del lodge era encantador y muy divertido», elogió, satisfecha con la atención que recibió su familia.
Los consejos de Sally para un primer viaje al Pantanal
Su primer consejo fue directo: «Viaja con PlanetaEXO». Sus motivos son prácticos, igual que el resto de sus recomendaciones.
Reserva con alguien que tenga acceso a los lodges
Reservar el Pantanal por internet desde el Reino Unido fue más difícil de lo que la familia esperaba. «En realidad no sabes bien qué buscar, no hablas el idioma y no tienes muy claro cómo contactar a los lodges, porque creo que muchos solo trabajan a través de agencias de viajes». Su hija encontró PlanetaEXO en internet, una cancelación dejó libre una habitación cuádruple y la familia reservó apenas tres o cuatro semanas antes de llegar.
Desde ese momento, la comunicación hizo el resto. «Sabía exactamente qué estaba haciendo y qué esperar. Hasta sabía qué ropa llevar». Cuando confundió una regla de equipaje que había leído en otro sitio (solo bolsos blandos y 15 kg como máximo) y le entró el pánico, un solo mensaje del equipo de PlanetaEXO se lo aclaró todo al instante.
Viaja con un guía que hable tu idioma
«Él le dio vida al Pantanal», dijo Sally sobre Bruno. «Sin Bruno, no creo que lo hubiéramos aprovechado ni de lejos igual, y su inglés era excelente, lo que ayudó muchísimo».
En este tour está incluido un guía privado de habla inglesa, además del guía local de habla portuguesa que pone el lodge.
Súbete a un caballo
Aunque nunca hayas montado. Sally y su marido eran principiantes, y aun así fue su mejor día.
Los guías de la hacienda ayudan con cuidado a los principiantes a dar sus primeros pasos a caballo y marcan un ritmo cómodo. Como los caballos avanzan con calma, los huéspedes pueden acercarse muchísimo a la fauna.
Tómatelo con calma
Su último consejo es el que le daría a cualquiera que visite el Pantanal por primera vez. «Tómate tu tiempo y ve sin prisa. Deja que la naturaleza te envuelva, en vez de salir a buscar cosas», recomendó.
Le pedimos a Sally que describiera el Pantanal en tres palabras. Antes, con humor, puso una condición: «Sin mencionar mi dedo roto».
Emocionante, «porque todo el tiempo que estuvimos allí fue emocionante». Cómodo, «y no me refiero solo a que las camas fueran cómodas. Me refiero a sentirse en casa desde el primer momento». Y divertido. «Nos reímos mucho, con la gente y con mi familia. Nos divertimos de verdad».
Lo próximo: jaguares, Fernando de Noronha y las cataratas que se perdió
Brasil le dejó a la familia una lista de pendientes. Su marido quiere ir al Pantanal Norte por sus jaguares. Sally quiere conocer Fernando de Noronha, los Lençóis Maranhenses y las cataratas del Iguazú, que se quedaron fuera cuando la lesión la obligó a acortar el viaje.
La familia visitó Río e Ilha Grande, pero el clima no acompañó, así que quieren volver. «Me encantaría verlos con sol», comentó.
Tras conocer la experiencia de Sally y su familia, ya sabes cómo recibe a sus visitantes la región del río Aquidauana y lo que te espera en el Pantanal Sur. ¡Solo falta que lo compruebes en persona!
Photo: Rico
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Una familia suiza de cinco integrantes, una novela leída 15 años antes y cuatro días entre la Transpantaneira y los ríos de Porto Jofre, contados por el propio Michael
Michael Lang tiene 51 años y es médico general. Su pequeña clínica privada está en el noroeste de Suiza, a 10 kilómetros de las fronteras con Alemania y Francia. Planeó las vacaciones junto a su familia y algunos amigos, y el destino fue cambiando por el camino: primero Sri Lanka, después África y Costa Rica, y al final Brasil.
Tenía tres objetivos: Río de Janeiro, las Cataratas del Iguazú y un safari en la Amazonia o en el Pantanal. Ganó el Pantanal, sobre todo por un libro. Hace unos 15 años, Michael leyó El testamento, la novela de John Grisham sobre un abogado al que envían a los humedales de Brasil a buscar a una misionera.
En julio de 2026, Michael, su esposa y sus tres hijos, de entre 17 y 21 años, pasaron cuatro días en el safari de jaguares económico en el Pantanal. El viaje lo organizó PlanetaEXO, con un guía local al frente. Esta es su historia. ¡Descúbrela a continuación!
Cuatro días en la Transpantaneira (y ni un minuto de aburrimiento)
El testamento transcurre en el Pantanal Sur, pero Michael y su familia eligieron el Pantanal Norte. Volaron hasta Cuiabá y desde allí siguieron por carretera hasta el humedal. El viaje tuvo dos bases: primero un lodge más al norte y después la zona de ríos que rodea Porto Jofre, donde termina la carretera Transpantaneira.
A Michael le gustó ir cambiando de paisaje. “Fue muy interesante ver estos lugares tan distintos, y nunca me aburrí”, dijo. El ritmo también le sentó bien: “Era bastante relajante ir sentado en la lancha, deslizándose por el río”.
¿El momento más difícil? No se le ocurrió ninguno: ni un sendero duro, ni mal tiempo, ni un paseo en lancha que se hiciera eterno. “La verdad es que no puedo decir que nada me resultara difícil”, respondió. Sabe que cuatro días es poco para el Pantanal y que hay viajes más largos, pero no le encontró ni un solo punto negativo.
Michael adora a los animales. Es un fotógrafo aficionado muy entusiasta, aunque no especialista en fauna, y en su lista de deseos para el Pantanal había un animal por encima de todos. “Tenía muchísimas ganas de ver jaguares. Y vimos un montón”. En un solo día, el grupo dio con unos cinco jaguares en cinco lugares distintos.
El resto de la lista se completó enseguida: aves por todas partes, un tapir, ciervos, nutrias y caimanes en abundancia. Para un amante de los animales como Michael, no se podía pedir más.
Por eso hay viajeros que llegan desde tan lejos. Los ríos que rodean Porto Jofre (el Cuiabá, el Piquiri y el Três Irmãos) atraviesan el Parque Estatal Encontro das Águas, la zona del Pantanal donde hay más probabilidades de ver un jaguar, sobre todo de mayo a octubre, en la temporada intermedia y en la seca.
Le llamó la atención que hubiera tan poca gente. En las Cataratas del Iguazú, recordó, “hay cientos de personas en una plataforma y en las pasarelas”. En el río del Pantanal, en cambio, “hay quizá 10 lanchas o una docena. No hay turismo masivo, diría yo”.
Michael daba por hecho que tendrían que compartir a su guía, Fábio, y se lo imaginaba al frente de un grupo de 10 o 12 personas. Pero no: el guía era solo para ellos. “Era como un guía privado para nosotros. No era lo que esperaba”, contó. “Para mí fue una gran sorpresa. Pero para nosotros fue excelente, porque podíamos preguntarle de todo”.
Y otra ventaja: la familia marcaba los tiempos. “Podíamos ir a nuestro ritmo. Decíamos: bueno, queremos hacer esto o aquello, o queremos salir a tal hora o a tal otra. Así que fue muy personalizado”, destacó. Junto con los jaguares, es lo que más valora del viaje. “El contacto personal con el guía fue excelente”.
El inglés de Fábio sirvió para mucho más que hablar de fauna. En otras partes de Brasil a la familia le costó comunicarse con la gente local, pero con su guía se podía hablar a fondo. “Siempre hablábamos de cultura, religión, temas de finanzas, política y de lo que fuera”, dijo. “Creo que fue el contacto más cercano que tuvimos en todo el viaje”.
Antes de contar una anécdota divertida del viaje, Michael miró de reojo a su hija. Unas ranitas se habían colado en las habitaciones de la familia, y a ella le daba miedo ir al baño. Lo que él le respondió dice mucho de lo que es el Pantanal: “No estamos en una ciudad. Estamos en plena naturaleza salvaje”.
Y luego estaba Cheetah, una nutria muy acostumbrada a la gente. La familia se la encontró dos veces en el río, y las dos veces intentó subirse a bordo. “Siempre quería saltar a la lancha. Era muy gracioso”, recordó entre risas.
Otros de sus momentos favoritos fueron más tranquilos: los paseos en lancha al amanecer y al atardecer, contemplando la belleza del paisaje desde el agua.
¿Brasil es seguro? La respuesta honesta de Michael
Michael nunca se sintió inseguro en Brasil, y lo explica con toda naturalidad. La familia evitó las zonas menos recomendables de Río y São Paulo y se movió de un sitio a otro con aplicaciones de transporte. Además, viajaban en grupo: dos familias juntas.
Para moverse sin sobresaltos por lugares que no conoce, tiene una regla básica. “Si mantienes cierto estado de alerta ante lo que puede pasar, no tienes por qué vivir situaciones desagradables”.
La Avenida Paulista, la más emblemática de São Paulo, le recordó a París por sus calles limpias y anchas. Cerca de puntos conocidos como la Catedral da Sé y el Mercadão, un mercado público de 93 años, la ciudad mostraba una cara más dura. Ya había visto lugares parecidos, así que no le impactó, pero el contraste entre las dos zonas se le quedó grabado.
Un ritmo más tranquilo y una comida mejor de lo esperado
Michael cuenta que, para muchos europeos, Brasil es fútbol y poco más. Él y su familia descubrieron que la realidad es más rica y mucho más diversa. El idioma les puso las cosas algo difíciles, pero lo que los conquistó fue la gente y el ritmo.
Su esposa se enamoró del país, algo que él no esperaba. “Ella decía que la gente es muy amable y está muy relajada en comparación con Suiza”, contó. En su país, añadió, hasta ir al supermercado es una carrera. “En Brasil todo iba despacio. Y eso me gusta”.
La comida fue otra sorpresa. Michael pensaba que sería muy sencilla y se encontró con un verdadero festín. “La comida brasileña fue mucho mejor de lo que esperábamos, y más barata que en otros países. Eso sí que me sorprendió”.
Michael resume Brasil en una lista: playas cálidas y soleadas, gente relajada, grandes ciudades, cataratas y fauna. El único pero es el tamaño del país, porque “las distancias son enormes”, así que conviene planear vuelos internos. “Le recomiendo Brasil a todo el que me pregunta adónde ir de vacaciones. Lo tiene todo”, afirmó.
Los consejos de Michael para un primer viaje a Brasil
¿Qué le diría a un amigo que prepara su primer viaje? Michael fue directo a lo práctico:
Combina ciudades, naturaleza y fauna: su familia pasó por São Paulo, Río de Janeiro, las Cataratas del Iguazú, Ilha Grande y el Pantanal.
Dedica unos días más a Ilha Grande, en Río: la familia pasó tres días en la isla, y sus hijos la cuentan entre lo mejor del viaje: “Solo playa y un pueblito encantador”.
Incluye el safari en el presupuesto desde el principio: un safari en el Pantanal no es precisamente barato, ni siquiera en su versión económica. Al final, Michael consideró que el guía privado y la organización valieron lo que costaron.
Elige un guía que hable inglés: fuera de los hoteles cuesta encontrar a alguien que lo hable, así que un guía con buen inglés es tu mejor puerta de entrada al país.
Michael quiere volver y ya tiene ideas. En su lista están Salvador y los Lençóis Maranhenses, con sus dunas de arena blanca y sus lagunas cristalinas.
Tras su paso por las Cataratas del Iguazú, también le gustaría conocer mejor el sur de Brasil, aunque todavía no tiene un destino concreto en mente. ¡Opciones no faltan!
Ahora que conoces el Pantanal a través de los ojos de Michael, ya sabes lo que te espera: jaguares, caimanes, aves por todas partes y ríos casi sin turistas. ¡Te toca a ti verlo de cerca!
PlanetaEXO es una plataforma de ecoturismo especializada en tours por el Pantanal. Trabajamos junto a guías y operadores locales experimentados y nos encargamos de toda la logística (traslados, lodges, comidas y safaris en lancha) para que tu familia pueda centrarse en vivir el viaje. ¡Contáctanos ahora!
Una productora coreana vino a los Lençóis Maranhenses a grabar un reportaje para KBS, recorrió las dunas a pie durante tres días y se marchó admirada por la belleza y la calidez de Brasil
Jihee Yeon tiene 34 años y es productora de KBS, la principal emisora pública de radio y televisión de Corea del Sur. En busca de las imágenes más bellas que pudiera conseguir para un reportaje especial, viajó a los Lençóis Maranhenses.
“Varias personas me recomendaron los Lençóis Maranhenses y me explicaron que las lagunas iban a estar llenas, que era el momento ideal para ir”, contó. “En cuanto vi las fotos y los videos, el paisaje me cautivó”. Y se puso a planear el rodaje en ese mismo momento.
Jihee recorrió el Parque Nacional de los Lençóis Maranhenses con un pesado equipo de televisión a cuestas y en compañía del director de fotografía Soo Han Kim, que vive en São Paulo y documenta historias surcoreanas por toda América del Sur. El parque ocupa 155.000 hectáreas en el estado de Maranhão, un mar de dunas de arena blanca, de hasta 40 metros de altura, salpicado de lagunas de agua dulce. Esta etapa formaba parte de un itinerario más amplio, que también pasaba por Belém, la isla de Marajó, São Luís y Salvador.
Las dunas y las lagunas las cruzó en un trekking de 3 días por los Lençóis Maranhenses, organizado y guiado por el equipo de PlanetaEXO y por guías locales. Esta es su historia. ¡Te la contamos a continuación!
Lo que vino a grabar
Antes de aterrizar, Jihee ya tenía en la cabeza una imagen muy concreta. “Quería filmar lagunas azules que fueran apareciendo detrás de una duna tras otra, con agua en medio de lo que parecía un desierto sin fin”, explicó.
La otra mitad del encargo tenía que ver con las personas: quería conocer a los viajeros que cruzan el parque a pie y no en 4×4, porque intuía que esa elección significaba algo. “Me imaginaba que quienes elegían caminar en vez de ir en auto tendrían, cada uno, un motivo especial para hacerlo, y que quizá vivirían el paisaje de una forma más profunda”.
La imagen que buscaba, el parque se la dio tal como le habían prometido. Lo que Jihee no había calculado bien era la dimensión del lugar. Sobre las dunas, recordó: “Pensaba que estarían concentradas en ciertas zonas, pero no se acabaron nunca en los tres días que duró la caminata”. Y reconoció: “No me había dado cuenta de lo inmenso que era el paisaje”.
La otra sorpresa llegó por donde menos lo esperaba: nadar no entraba en sus planes. “No me imaginaba que iba a disfrutar tanto nadando allí, pero las lagunas eran simplemente irresistibles”.
Precisamente porque Jihee ya había estado en desiertos de varios países, ninguna comparación le servía. “Nunca había visto nada igual: innumerables lagunas repartidas por una inmensa extensión de dunas, con pequeños pueblos en medio de ese paisaje”, contó asombrada.
Ese último detalle es justo lo que pocos viajeros esperan: los Lençóis Maranhenses no están vacíos. Dentro del parque y a su alrededor viven pequeñas comunidades, unidas entre sí por rutas de trekking. Sin ellas la travesía ni siquiera sería posible: es en esos pueblos donde se come y se duerme.
Cuando le preguntaron si había visto algo parecido en Corea o en algún otro lugar donde hubiera trabajado, respondió en pocas palabras: “He viajado a muchos lugares, pero los Lençóis Maranhenses son algo único de verdad: no se parecen a nada que haya visto nunca”.
Si le preguntas a Jihee por la gente del lugar, empieza por los niños. “No nos trataban como simples turistas: se notaba que estaban felices de recibirnos y de pasar tiempo con nosotros”, recordó. Su grupo nadó con ellos en las lagunas, “y hasta nos regalaron flores que habían recogido cerca. Fue una experiencia tan cálida que creo que nunca la voy a olvidar”.
Ni la comida ni el idioma: la diferencia cultural que más notó fue la forma de vivir el tiempo. “En Corea estamos acostumbrados a movernos rápido y a seguir horarios muy marcados”, explicó. “En los Lençóis, en cambio, cada día parecía fluir de forma más natural, al ritmo del clima, del entorno y de la manera en que la gente se relaciona”.
Eso sí, evitó caer en el cliché. “No diría simplemente que allí se vive más despacio, sino que la vida parecía más en sintonía con los ritmos de la naturaleza”.
En los campamentos y las posadas de los pueblos que hay a lo largo de la ruta, los viajeros no duermen en camas, sino en hamacas. Jihee lo probaba por primera vez, y la experiencia terminó siendo una de las que más disfrutó del viaje.
“Disfruté sobre todo de pasar la noche con los demás viajeros, cada uno en su hamaca, conversando”, contó. “Fue mucho más cómodo de lo que esperaba, y empecé a entender por qué la gente de los pueblos prefiere las hamacas a las camas”.
En este viaje, los guías tuvieron una tarea extra que en la mayoría de las salidas no tienen: durante tres días, Jihee cargó un pesado equipo de televisión por la arena blanda. “El guía me ayudaba a llevar el equipo y me preguntaba todo el tiempo si necesitaba algo mientras grababa”, contó agradecida. A partir del segundo día, el grupo se unió a otro más grande y el horario se volvió más apretado, pero “aun así, el guía hizo todo lo posible por facilitarme el rodaje”.
“Quedé muy satisfecha con toda la experiencia”: ese fue el veredicto de Jihee sobre el alojamiento, los guías y la organización general del viaje.
Para Jihee, lo mejor de toda la travesía no tuvo nada que ver con la cámara. “Mi momento favorito fue salir antes del amanecer y acostarnos juntos en la arena a mirar las estrellas”.
Más allá del paisaje, lo que más le llamó la atención fue observar a sus compañeros de caminata: mientras ella seguía concentrada en grabar, los demás vivían el viaje a un ritmo completamente distinto. “Se tomaban su tiempo y disfrutaban del paisaje infinito sin prisas”, recordó. “Sentían la arena bajo los pies, nadaban en las lagunas y hasta se sentaban junto al agua a leer”.
“No se limitaban a mirar los Lençóis Maranhenses: los vivían por completo, con todo el cuerpo”, reflexionó. “Eso me marcó profundamente”.
Los consejos de Jihee para quien visita los Lençóis Maranhenses por primera vez
Sus consejos tienen un aval poco común: en toda la caminata, ella fue la única que no pudo seguirlos. Trabajar con la cámara la obligaba a moverse sin parar con mucho equipo encima, y eso tuvo un precio. “Estaba tan ocupada que a veces me faltaba tiempo y cabeza para sumergirme por completo en el paisaje que tenía delante, y eso lo lamento”, admitió.
De todos modos, las dunas le dejaron a Jihee unas cuantas lecciones valiosas.
Photo: KBS
Viaja lo más ligero posible
Jihee lo aprendió por las malas, con un pesado equipo de grabación a la espalda. En una travesía que se hace entera a pie sobre arena blanda, cada kilo de más se nota en cada paso, y para ella fue, sin duda, todo un desafío.
Olvídate del horario
Quien vaya por el puro placer de viajar debería “tomarse su tiempo y permitirse disfrutar del paisaje por completo”.
Para Jihee, la mejor manera de vivir los Lençóis Maranhenses es dejar que sea el parque, y no el reloj, quien marque el ritmo.
Llega con ganas de vivirlo a fondo
“Animaría a los visitantes a llegar dispuestos a entregarse de lleno al paisaje y a toda la experiencia, tal como hicieron las personas que viajaban conmigo”. En la práctica: meterse en las lagunas, dormir en la hamaca y quedarse quieto lo suficiente para que el lugar cale hondo.
¿Brasil le pareció seguro? La respuesta sincera de Jihee
Jihee pasó por cinco destinos con un costoso equipo de cámara, y muchas veces trabajó en plena calle. Sobre Belém y la isla de Marajó, en Pará, y sobre São Luís y los Lençóis Maranhenses, en Maranhão, fue tajante: “Me sentí completamente segura y tranquila. Podía salir a caminar de noche con total libertad y grabar en la calle con el equipo a un lado, sin sentirme amenazada”.
El único lugar sobre el que le habían advertido antes de viajar era Salvador, en Bahía, pero lo que vivió allí fue muy distinto de lo que esperaba. “Cuando llegué, la gente a mi alrededor se desvivió por ayudarme”, contó. Los vecinos y los conductores de Uber “me explicaban con cuidado qué precauciones debía tomar y qué lugares tenía que evitar. Como estaban siempre pendientes de mí, nunca sentí que estuviera en peligro mientras viajaba por allí”.
“Por mi propia experiencia, Brasil no me quedó en la memoria como un lugar peligroso”, añadió. “Lo recuerdo como un lugar donde pude viajar con seguridad y donde la gente a mi alrededor me cuidó con mucho cariño”.
¿Podría Brasil convertirse en la próxima gran moda en Corea?
Que en Brasil se admira la cultura surcoreana no es ningún secreto. Le preguntamos a Jihee si podría pasar lo mismo al revés y si la tendencia “Brazilcore”, que circula por las redes sociales, ya había llegado a Corea.
“Desde hace mucho, los coreanos asocian Brasil con la pasión y una energía vibrante. En Corea la samba es muy conocida y suena a menudo de fondo en los programas de televisión”, respondió.
Según ella, el obstáculo no es el interés, sino el calendario. “La mayoría de los coreanos no tiene vacaciones muy largas”. Llegar hasta América del Sur ya consume buena parte del tiempo disponible, explicó Jihee, así que muchos viajeros combinan varios países en un mismo itinerario para que el vuelo valga la pena.
¿Cómo atraer a los coreanos a destinos de naturaleza en Brasil como los Lençóis Maranhenses, el Amazonas o el Pantanal? Para Jihee, un buen camino es ofrecer rutas claras, pensadas para el tiempo del que de verdad disponen. “Dar información e itinerarios que permitan conocer bien la diversidad de Brasil en un periodo limitado podría animar a más coreanos a elegir Brasil como destino”.
En el caso de los viajeros con más margen, en cambio, no ve ese problema y destaca el enorme tamaño y la riqueza del país. “Un viajero independiente con más tiempo podría pasar tranquilamente un mes en Brasil y seguir descubriendo lugares nuevos”.
Un solo encargo se le quedó corto. Jihee quiere volver para conocer la cara de Brasil que no llegó a ver: las ciudades. “Me encantaría conocer grandes ciudades como São Paulo y Río de Janeiro. Tengo mucha curiosidad por saber cómo es la vida urbana en Brasil”.
En su lista también está Campos do Jordão, una localidad de montaña de São Paulo conocida como la “Suiza de Brasil” por su arquitectura europea y su clima fresco. Jihee viajó en invierno, y le fascinó lo mucho que cambiaba esa estación con respecto a las regiones del norte y el nordeste que había recorrido.
“En este viaje conocí la selva, islas, dunas, lagunas y ciudades de la costa atlántica”, comentó. “La próxima vez me encantaría grabar un lado completamente distinto de Brasil”.
Trekking en los Lençóis Maranhenses con PlanetaEXO
Ahora que has recorrido el parque de la mano de Jihee, ya sabes lo que ofrecen los Lençóis Maranhenses: dunas que siguen mucho más allá de donde creías que iban a terminar, lagunas a las que nadie se resiste, noches en hamaca con otros aventureros y pueblos donde la gente es cálida y acogedora.
PlanetaEXO es una plataforma de ecoturismo especializada en tours por los Lençóis Maranhenses. Trabajamos con guías y operadores locales con experiencia y nos encargamos de toda la logística, para que lo único que tengas que hacer sea disfrutar, desde la primera reserva hasta el último baño en una laguna. ¡Contáctanos ahora!
Una viajera que ya conocía Brasil, el primer viaje de su hijo al país y tres noches en el río Miranda, todo contado por ella misma
A sus 63 años, Sandy McKelvey lleva buena parte de su vida adulta viajando a Brasil. Enseña inglés como segunda lengua en un colegio comunitario de Nueva York y habla portugués: de joven tuvo un negocio en el país y recorrió Brasil durante 12 años.
Vivió en Bahía y en Pernambuco, y también conoce Ceará, Belém do Pará, Manaus, Minas Gerais, Natal, São Luís do Maranhão, Santarém, Rondônia y Acre. Un amigo biólogo que vive en Corumbá, ciudad a las puertas del humedal, le había recomendado el único lugar donde, en todos esos años, nunca había puesto un pie: el Pantanal.
La oportunidad llegó con Robert, su hijo, y sus dos semanas libres. Era su primer viaje a Brasil, así que Río de Janeiro y São Paulo entraron solos al comienzo del itinerario. Sandy, en cambio, quería algo que contrastara para cerrar el viaje: eligió el enorme humedal de 210.000 km² que se extiende por Mato Grosso y Mato Grosso do Sul.
En agosto de 2026, Sandy y Robert pasaron tres noches en un lodge a orillas del río Miranda, dentro de un Tour Económico por el Pantanal organizado por PlanetaEXO y acompañado por un guía local. Esta es su historia: ¡conócela abajo!
Lo que ella esperaba y lo que el Pantanal es en realidad
Sandy llegó con una imagen armada a partir de documentales de naturaleza. Lo que encontró la sorprendió: un paisaje productivo, porque la ganadería ocupa buena parte del Pantanal Sur.
“Me di cuenta de que gran parte del Pantanal es campo agrícola, fazendas y cría de ganado”, cuenta. “Y tenía sentido. No era exactamente lo que había imaginado, pero aun así me pareció muy interesante. Lo disfruté muchísimo.”
También sabía que un entorno salvaje es impredecible, sobre todo con los animales. Aun así, Robert llegó con la ilusión de ver un oso hormiguero, que nunca apareció. A cambio, madre e hijo se cruzaron con capibaras, caimanes, búfalos, monos aulladores y muchas aves hermosas.
Vale la pena saberlo antes de ir: la estación seca, de julio a octubre aproximadamente, concentra a los animales alrededor del agua que queda y te da las mejores probabilidades. Y aunque este sea el mejor destino de Brasil para observar fauna, la naturaleza sigue su propio ritmo, y es justamente eso, que nada esté garantizado, lo que vuelve tan auténtico al ecoturismo.
Pregúntale a Sandy qué marcó el viaje y te habla de Bobby, su guía. “Lo más especial del viaje fue nuestro guía. Era simplemente maravilloso.”
Su trabajo, según ella lo describe, no paraba nunca. “Estaba todo el tiempo rastreando animales a nuestro alrededor. Y, sinceramente,si él no hubiera estado con nosotros, no habríamos visto nada, porque los animales se esconden.” El ejemplo al que vuelve una y otra vez es un grupo de monos aulladores, muy alto y muy lejos. “Vio que se movían unas ramas y dijo: ‘¡Miren, monos aulladores!’ Fue increíble”, recuerda todavía asombrada.
Por una casualidad simpática, Bobby resultó ser muy cercano a ese mismo amigo de Corumbá, lo que volvió la experiencia aún más rica y personal.
Las conversaciones con él fueron la otra mitad del viaje. Sandy preguntó sin parar y, en las respuestas, apareció un Brasil que no había conocido ni en Bahía ni en Pernambuco. “Me gustó conocer gente distinta de la que había conocido en otras partes de Brasil”, dice.
La conclusión de Sandy es el consejo más simple y, a la vez, el más valioso. “Nunca vayas al Pantanal sin un guía.Sería una pérdida total de tiempo.”
Río arriba, por un brazo estrecho donde los animales se acercaron
De todo el programa, una salida se destacó: la segunda excursión por el río, la que subió hasta un brazo de agua más pequeño, donde Sandy vio más animales.
El momento que mejor describe ocurrió en un tramo pantanoso, cargado de plantas, donde el bote simplemente se detuvo. “Nos quedamos ahí un rato y después nos dimos cuenta de queestábamos completamente rodeados”, recuerda. Decenas de caimanes por todos lados.
Y caminando entre ellos, sobre la vegetación, había una jaçanã, el ave que la gente de la zona llama pájaro de Jesucristo por su capacidad de “caminar sobre el agua”: sus enormes patas, de dedos finos y uñas largas, reparten el peso sobre las plantas acuáticas y le permiten deslizarse por la superficie con una fluidez sorprendente.
“Estaba justo ahí, entre todos los jacarés, y nadie molestaba a nadie”, agrega. “Estaban juntos, cada uno en lo suyo. Me pareció hermoso.”
La pesca de pirañas es una actividad fija en el lodge donde se quedaron Sandy y Robert, pero a ella no le entusiasmaba nada. Otro grupo se quedó con el horario previsto y la salida quedó para el último día. “Pensé que iba a ser apresurada y no tan buena”, admite.
Y, contra todo pronóstico, fue una de las mejores cosas del viaje. La diferencia, otra vez, fue el guía. “En realidad, fue superdivertido. Si no hubiera sido por Bobby, no habría tenido gracia.” Sandy había oído hablar de otros grupos que no pescaron nada y se rindieron. Bobby, en cambio, puso una regla: nadie para hasta que todos saquen un pez.
“Todos pescamos uno. Nos seguía dando más carne y explicando cada cosa. No paramos hasta que todos sacamos el nuestro”, dice con una sonrisa.
Un collar, un machete y media hora de trenzado
La última actividad de la estadía fue una caminata corta por un sendero. Otra vez, contar con un profesional fue decisivo. “No habríamos notado nada si él no nos hubiera señalado ciertas cosas, como algunos árboles”, apunta Sandy.
En un momento, Bobby se detuvo frente a una planta suculenta y le mostró al grupo cómo sacar las fibras de una hoja con un machete. Después empezó a trenzarlas hasta dejarlas firmes y resistentes. Estaba haciendo una pulsera para Robert, pero calculó mal el largo y se la dio a otra persona. No fue problema: le haría otra.
Cortó una segunda hoja y luego se la llevó de vuelta. Al día siguiente, justo antes de la pesca, Bobby y Robert se sentaron a trabajarla juntos. Salió un collar en lugar de una pulsera: un diente de caimán que llevaba encima, una segunda fibra trenzada para dar color de contraste y cerca de media hora de trabajo.
“Fue de una belleza increíble, porque este muchacho esclaramente un artista además de un guía”, dice. “Completamente fuera de lo que uno espera. [Bobby] solo quería que [Robert] se llevara un buen recuerdo.”
Buena hospitalidad y un día de calor extremo
Sandy y Robert sabían que el alojamiento que eligieron, el Pantanal Jungle Lodge, era rústico y cómodo a la vez. “Es medio agreste, pero lo esperábamos y nos gusta así”, afirma. Se quedaron en una de las habitaciones con literas y la compartieron con otros dos viajeros. “Estuvo todo bien.Todo el mundo fue supereducado.”
El resto de su veredicto es corto y va en la misma línea: “La comida era muy rica y todos los huéspedes eran superamables.” El lodge está justo sobre el río Miranda, y eso hace la mitad del trabajo: Sandy fotografió aves sin salir de la propiedad.
La estadía la dejó contenta, pero el calor fue duro. El Pantanal es caluroso por naturaleza y, según la época del año, seco. Una mañana en particular, durante una cabalgata, fue especialmente exigente. “Habrán sido unos 100 °F (38 °C). Hacía muchísimo calor y estábamos al sol.”
Esa tarde el grupo salió a remar en kayak contra la corriente. “Me gusta mucho el kayak, pero hacía demasiado calor. En ese momento pensé: ‘Estoy agotada por el calor’.” Fue un desafío, aunque ella aclara que a nadie más le pasó lo mismo. “Fui solo yo. Me estaba costando mucho el calor.”
El clima pesa muchísimo en el itinerario y en la experiencia de cada persona, y no solo en el Pantanal, sino en cualquier destino de naturaleza. Conocer tus propios límites, como hizo Sandy, ¡es lo más sensato que puedes hacer!
¿Es seguro el Pantanal? La respuesta honesta de Sandy
Sandy no responde esta pregunta con ingenuidad. Vivió en Brasil, tuvo todo tipo de experiencias en ciudades brasileñas (buenas y malas) y sabe muy bien cómo moverse en una ciudad grande.
Sobre el Pantanal, la respuesta salió de inmediato. “Me sentí 100% segura. Ni siquiera tienes que preocuparte por dónde dejas la billetera o el bolso”, afirma.
Los animales tampoco la inquietaron nunca. “Jamás sentí miedo de los animales. Ni se me pasó por la cabeza”, cuenta. “Vamos en un bote grande. Es seguro.” También se fijó en el lado operativo del asunto. “[El personal] se tomaba muy en serio que todos usáramos chaleco salvavidas.”
Próxima parada: la Amazonía (esta vez con su hija)
Del viaje al Pantanal ya salió el siguiente. La hija de Sandy llega a Brasil por primera vez y las dos irán a Manaus y a la Amazonía, un lugar que Sandy conoció hace años y no ha vuelto a ver.
Son dos destinos que vale la pena conocer en una misma vida. La Amazonía es selva: densa, vertical y misteriosa. El Pantanal es un humedal abierto, donde el agua empuja a los animales hasta ponerlos a la vista.
Sandy conoce Brasil de memoria y el lugar que le robó el corazón es Salvador, en Bahía, una de las ciudades donde vivió. “Es tan particular, tan histórica: la cultura, la música. Si vas a ir a Brasil, tienes que visitar Salvador.”
Ahora que conoces la historia de Sandy, ya sabes lo que ofrece de verdad el Pantanal Sur: un humedal en plena actividad, donde a los animales hay que encontrarlos y nadie los exhibe, y donde un guía que sabe leer la orilla del río define el viaje entero.
PlanetaEXO es una plataforma de ecoturismo especializada en tours por el Pantanal Sur. Trabajamos junto a guías y operadores locales con experiencia, y nos ocupamos de la logística (traslado desde Campo Grande, lodge, comidas y programa de actividades) para que te concentres solo en la naturaleza, desde la primera reserva hasta el último paseo en bote. ¡Contáctanos ahora!
Explorando el Amazonas: la aventura de Erica en un lodge flotante de Brasil
Una viajera, dos amigas y una inmersión sorprendente en la selva tropical más grande del mundo
Hay viajes que empiezan por un lugar; este empezó por una fecha. Erica L., de 41 años, trabaja como analista de investigación en Estados Unidos. Cuando una amiga fijó su boda en Río de Janeiro, Erica vio la ocasión perfecta para alargar el viaje. Al fin y al cabo, si iba a cruzar medio mundo hasta Brasil, quería conocer más.
Junto a dos amigas partió hacia el Amazonas para un viaje que no olvida, alojada en un hotel autosuficiente de 6 suites que flota sobre el río, sube y baja con el nivel del agua y funciona con energía limpia todo el año.
Erica y sus amigas entraron en la selva con un tour de 3 días por la selva amazónica desde Manaos, organizado y guiado por el equipo de PlanetaEXO y por guías locales. Aquí contamos su historia para que veas cómo es de verdad vivir la naturaleza: encuentros notables con la fauna, contacto con quienes viven allí y mucha más comodidad de la que esperaba. ¡Sigue leyendo!
Una extensión de viaje que superó las expectativas
Cuando Erica reservó el tour, sus expectativas ya eran altas. Había leído el itinerario de PlanetaEXO y visto las fotos, pero la realidad lo superó todo. «El equipo del lodge hizo mucho más de lo que se espera. Fueron maravillosos y muy amables con nosotras», recuerda.
Lo que más la sorprendió fue el nivel de comodidad. Esperaba una expedición dura y problemas con los mosquitos (incluso les había dado un sermón a sus amigas sobre el repelente), y fue justo al revés.
El lodge flotante tiene una terraza en la azotea para mirar las estrellas y una piscina agradable. «Todo fue muy llevadero y cómodo. Los paseos en barco eran tranquilos, de 3 horas como máximo, y el equipo siempre estaba atento a lo que necesitaba el grupo.»
Viajar con restricciones alimentarias puede complicarse, sobre todo en zonas remotas. Erica es vegetariana y sus dos amigas son veganas. «Sinceramente, tenía un poco de miedo de que se murieran de hambre, porque no es una dieta muy común.»
El equipo del lodge, en cambio, se lució. En cada comida preparaban platos principales y postres veganos especialmente para ellas, con verduras e ingredientes locales, en línea con el compromiso del lodge con la sostenibilidad y las prácticas ecológicas.
En una selva sin señales y con ríos que cambian según la temporada, el guía lo es todo. Los guías de Erica, Tyson y Josephine, le dejaron una marca profunda.
Tyson conocía tan bien la región que, durante uno de los paseos, avisó al barquero: esa sería la última vez que podrían tomar cierta ruta, porque el nivel del río había bajado y pronto sería arriesgado. «Me pareció una locura pensar en lo bien que tienes que conocer un terreno para entender eso. Mi cabeza no tiene ese conocimiento de nada», bromea Erica, admirada por ese nivel de dominio.
La hospitalidad estuvo a la misma altura. Al enterarse de que al día siguiente llegaría una familia francesa, Tyson se quedó despierto hasta las 3 de la madrugada aprendiendo francés básico para recibirlos lo mejor posible.
Otra sorpresa fue descubrir de dónde venía el equipo. «No me había dado cuenta de que todo el personal era de las comunidades indígenas locales», admite. «Eso por sí solo ya es una de las mejores partes del viaje. [El equipo] fue muy cálido y amable. Fue el alojamiento más hospitalario que he tenido en cualquier tipo de turismo.»
Aunque el grupo pescó pirañas y vio perezosos, caimanes, varias aves y dos especies de monos, quienes se robaron la escena fueron los delfines rosados del Amazonas.
«Tyson nos dijo: “Creo que no solo van a ver delfines; creo que van a ver grupos enteros de delfines”. ¡Y fuimos y los vimos! Fue increíble. Estaban pescando, saltando fuera del agua, y se acercaron mucho al barco», recuerda Erica con entusiasmo, y cuenta que los avistamientos fueron lo bastante frecuentes como para que todos pudieran grabarlos.
¿Es seguro viajar al Amazonas? La respuesta sincera de Erica
La seguridad es una duda habitual de quien visita Brasil por primera vez. Erica, sin embargo, se sintió 100% segura. Antes del viaje leyó el artículo del blog de PlanetaEXO sobre la seguridad en Manaos y tomó precauciones sensatas.
«Sabía que tenía que respetar lo que estaba leyendo. Siempre usamos Uber Black y fui muy prudente con la hora a la que volvíamos. No quiero ser más aventurera de lo que sería en un lugar que conozco mejor, así que no tuve ningún problema [en ninguna parte de Brasil]», cuenta.
El idioma tampoco fue una barrera. El español básico de Erica alcanzó, porque se parece bastante al portugués. En el lodge mantuvo conversaciones enteras en español con el chef y el barman. «Todos fueron muy pacientes y amables.»
Los consejos de Erica para quien viaja por primera vez
Después de su experiencia, Erica dejó tres consejos prácticos para quien esté planeando conocer el Amazonas:
Lleva billetes pequeños para las propinas
Erica habría querido llevar más reales (la moneda local) en efectivo para dar propina por separado a las distintas personas del equipo (guías, barqueros y personal del lodge) que la atendieron de forma excepcional. «No entendí lo atento e intenso que iba a ser el servicio.» Había al menos cinco personas a las que quería darles algo en persona.
Vale la pena saberlo: la cultura de la propina en Brasil es distinta de la de Estados Unidos, porque el servicio suele venir incluido en la cuenta y el personal no cuenta con ella. Se agradece, pero nunca es obligatoria. Si quieres dejar propina, lleva billetes pequeños en reales.
Prepárate para hacer donaciones locales
Durante el viaje, el grupo visitó una escuela local notable, donde los niños aprenden varios idiomas. Si hubiera sabido antes que algunas comunidades reciben donaciones, le habría encantado llevar material escolar.
«Nunca daría por hecho que puedo hacer algo así, porque puede resultar raro ofrecer regalos que nadie ha dicho que estén bien», dice. Erica recomienda preguntar con antelación si hay alguna forma de apoyar a las comunidades locales que se visitan en el itinerario.
Mete algo de ropa casual, tipo resort
Erica se preparó de más para una expedición «extrema» en la selva, pero el ambiente del lodge era muy agradable. «Quien viaje puede incluir más ropa tipo resort o casual para el tiempo que pase en el lodge», aconseja.
Ahora que has visto el Amazonas con los ojos de Erica, sabes lo que este viaje te pide de verdad (muy poco) y lo que devuelve: encuentros espontáneos con la fauna, guías atentos que leen el río como un mapa, hospitalidad de alto nivel y paisajes naturales enormes.
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Una familia austríaca, tres semanas y media en Brasil y tres días a pie por un desierto de dunas blancas y lagunas de agua dulce, contado con las propias palabras de Olivia
Algunos viajes empiezan con un lugar, pero este empezó con una estación. Olivia Rossignol, de 48 años, trabaja en las Naciones Unidas y vive en Austria. Cuando planifica un viaje para su familia, empieza por descartar opciones. Quería un lugar cálido para viajar durante el verano europeo, sin caer en plena temporada de lluvias de otro sitio, lo que la orientó hacia Brasil. Mientras en el sur julio es invierno, el norte del país está de lleno en su temporada seca.
El destino exacto lo eligió su hija de 15 años. Una noche, buscando sobre Brasil en Google, encontró las imágenes surrealistas de Lençóis Maranhenses que eran tendencia en Instagram e hizo la pregunta obvia: ¿Podemos ir ahí? Armaron todo el viaje de tres semanas y media a su alrededor, sumando por el camino Río de Janeiro, Pipa, Salvador, Chapada Diamantina y Morro de São Paulo.
Pero el Parque Nacional de los Lençóis Maranhenses, una extensión de 155.000 hectáreas de dunas de arena blanca y lagunas de agua de lluvia en el estado de Maranhão, fue siempre el eje. Marcó la primera vez de la familia en Brasil y, sin duda, se destacó como el punto culminante absoluto de todo su viaje.
Olivia, su esposo y su hija cruzaron las dunas y las lagunas en un trekking de 3 días por Lençóis Maranhenses, organizado y guiado por el equipo de PlanetaEXO y guías locales. Ahora compartimos su historia para mostrarte cómo se siente de verdad esta experiencia: para una familia, para quienes visitan Brasil por primera vez y para cualquiera que se plantee las mismas dudas que ella tenía. ¡Descúbrelo a continuación!
Un destino que su hija encontró en internet
Hace un año, Lençóis Maranhenses ni siquiera estaba en el radar de Olivia, como ella misma admite sin problema. “No importa a quién le cuente que estuve ahí, nadie lo conoce. Y, sinceramente, hace un año yo tampoco lo conocía,” confesó.
La idea solo sobrevivió porque resolvía su problema real (un destino en temporada seca en julio) y porque su hija seguía insistiendo con las imágenes que había visto en internet.
Así que invirtieron la lógica habitual. En lugar de encajar Lençóis en un itinerario por Brasil, lo armaron alrededor de Lençóis y completaron el resto después. Para un primer viaje familiar a Sudamérica, dejar que la captura de pantalla de una chica de 15 años marcara el rumbo resultó ser una buena decisión.
Los campamentos del parque ofrecían Wi-Fi, pero Olivia decidió a propósito no usarlo.“Tenía claro que no lo iba a tener durante tres días,” dijo. “Hasta me decepcionó un poco que lo ofrecieran. Ya no tenemos esto: pasar varios días sin conexión.”
Esa decisión explica en buena parte por qué el trekking por Lençóis Maranhenses caló como lo hizo. “Tenía la sensación de estar en un lugar completamente distinto, fuera de la Tierra,” se maravilló, y contó que había estado en el desierto de Marruecos en febrero y esperaba algo parecido, solo que en blanco. “No lo es. Es mucho más espectacular.”
Lo que más sorprendió a Olivia fue que el parque nacional no dejaba de superarse a sí mismo. “Haces un día entero de caminata, ves la arena blanca, las dunas, las lagunas, pasas una buena noche… Y al día siguiente es aún más bonito que el anterior,” recordó. “No te lo esperas, porque crees que ya lo has visto todo. Pero mejora.”
El tercer y último día fue el mejor de todos, y el grupo tuvo suerte con el momento. “Había luna llena, así que empezamos a caminar de noche y nadamos bajo ella. Eso sí que fue increíble.” El clima también ayudó: en tres días tuvieron cielo azul y, según su cuenta, solo unos cinco minutos de lluvia.
En un parque sin caminos, sin señales y sin cobertura, los guías son los que sostienen el viaje. Los dos de Olivia, Patricio y Cristiano, dejaron la impresión más fuerte de todas las personas que conoció en Brasil. “Nunca en mi vida había conocido a personas tan amables como esos dos guías.”
El momento que más la marcó llegó justo al final, en Santo Amaro, cuando el viaje ya había terminado técnicamente. La familia tenía un traslado reservado para el mediodía y, en palabras de Olivia, “a mi manera europea, empecé a ponerme nerviosa” cuando para entonces el almuerzo aún no había llegado. El guía simplemente lo resolvió: se quedó y comió con ellos, fue él mismo a la cocina a ver cómo iba la comida, la llevó a la mesa y se aseguró de que el traslado funcionara.
“Cuando alguien tiene que cuidarte, te cuida por completo. Y lo notas, porque para ellos esto no es solo un trabajo,” reflexionó.
La barrera del idioma superada por la simpatía brasileña
Olivia quedó satisfecha con todo el viaje, pero al insistirle sobre algo que no funcionó, dijo que fue difícil encontrar a alguien que hablara inglés, y no solo en un pueblo pequeño, cosa que esperaba, sino también en Río, lo cual la sorprendió.
Aunque los conocimientos de la familia de italiano y español ayudaron, la comunicación costó un poco con algunos habitantes. Aun así, no fue nada que pudiera arruinar la experiencia. “Todos fueron amables de todos modos, y volvería. Seguro que volveré. Hay muchísimo más por ver en este país.”
¿Era seguro Brasil? La respuesta sincera de Olivia
Antes del viaje, Olivia estaba un poco preocupada. “No asustada, pero sí preocupada,” aclaró. Lo primero que le preguntaron sus amigos cuando volvió a casa fue si Brasil era peligroso. Su conclusión tras tres semanas y media fue práctica.
“Solo hace falta ponerle un poco de sentido común a lo que haces, y no hay por qué tener miedo.” En la práctica, eso significaba una camiseta sencilla, nada de joyas y no caminar sola de noche.
No pretende que no pasó nada. En Salvador, una ciudad que de verdad le gustó, una caminata de 20 minutos hasta un supermercado sacó a la familia del centro, y el ambiente cambió respecto a los lugares animados en los que habían estado antes. “Las calles se pusieron más oscuras y de repente nos sentimos solos, así que simplemente paramos y tomamos un Uber.”
Aunque algunos momentos trajeron una breve inquietud, su ansiedad venía sobre todo de enfrentarse a lo desconocido más que de algún problema real. Al final, todo el viaje transcurrió sin contratiempos.
Las sorpresas que Brasil tenía reservadas
Olivia es sincera sobre haber llegado con un prejuicio. “En Europa tenemos esta arrogancia estúpida,” reconoció: la idea de que fuera de ella las cosas serán menos puntuales, menos organizadas. Brasil la desmontó.
La familia tomó tres vuelos nacionales. Tras un check-in lento, se preparó para retrasos que nunca llegaron. “Todo fue puntual, todo salió bien. Incluso mejor, en algunos casos.”
La comida fue otra sorpresa discreta y deliciosa. El briefing previo le había restado importancia, casi como disculpándose de que las comidas del trekking serían muy sencillas. Pero al final, Olivia y su familia disfrutaron muchísimo de todas las comidas caseras que los anfitriones les prepararon.
También valoró muy bien el resto de Brasil, pero insiste en que nada se compara con Lençóis Maranhenses.
Los consejos de Olivia para quienes viajan a Brasil por primera vez
Cuando le preguntamos qué le diría a un amigo que viaja a Brasil por primera vez, Olivia dio tres consejos de viaje, basados en su propia experiencia:
Aprende un poco de portugués: Incluso un puñado de palabras comunes ayuda muchísimo, sobre todo fuera de los grandes hoteles, donde el inglés escasea.
No dejes que el miedo planifique tu viaje: No es tan peligroso como la gente cree. El sentido común hace la mayor parte del trabajo.
Planifica bien: Brasil es demasiado grande como para reservar un vuelo y ver qué pasa. Decide adónde quieres ir y qué quieres hacer antes de salir.
Adónde quiere ir Olivia a continuación y sus reflexiones finales sobre Lençóis Maranhenses
Está claro que un solo viaje no fue suficiente. Olivia está segura de que volverá a viajar a Brasil.
En lo más alto de su lista está el Pantanal, seguido de la Amazonía y la costa alrededor de Paraty, al sur de Río de Janeiro. Para una familia que vino por un desierto y se fue planeando un humedal y una selva, esa es la mejor reseña de todas.
Cuando le pedimos que resumiera el viaje, Olivia no recurre al paisaje ni a la logística, sino a la sensación. “La mejor época de nuestras vidas,” dijo del trekking de 3 días por Lençóis Maranhenses. “La comunicación y la organización con PlanetaEXO fueron perfectas, rápidas y de confianza. El trekking en sí fue uno de los mejores momentos de nuestra vida. ¡Lo recomendamos muchísimo!”
Trekking en Lençóis Maranhenses con PlanetaEXO
Ahora que has visto el parque a través de los ojos de Olivia, sabes lo que un viaje a Lençóis Maranhenses realmente te devuelve.
PlanetaEXO es una plataforma de ecoturismo especializada en los tours por Lençóis Maranhenses y otras aventuras por todo Brasil. Junto a guías locales con experiencia, nos ocupamos de la logística (traslados, campamentos, comidas y la ruta) para que tú y tu familia puedan concentrarse en las dunas, desde tu primera reserva hasta la última laguna bajo la luna llena. ¡Contáctanos ahora!
Una viajera, cuatro semanas y una travesía a caballo por el desierto más surrealista de Brasil, contada por ella misma
Algunos de los mejores viajes son los que nunca planeaste. Patricia George, de 31 años y fisioterapeuta alemana, tenía que estar surfeando en Bali. Una semana antes de salir le cancelaron los vuelos, que hacían escala en Abu Dabi, por la guerra. Quería un sitio cálido y con buenas olas; una amiga de São Paulo le dijo que se fuera a Brasil, y hasta ahí llegó la planificación. Era su primera vez en el país y su primera vez en Sudamérica, sola durante cuatro semanas.
Empezó en São Paulo, surfeó cinco días en Ubatuba y luego siguió por Paraty, Río de Janeiro e Ilha Grande antes de volar al norte, al Parque Nacional de los Lençóis Maranhenses, una extensión de 155.000 hectáreas de dunas blancas y lagunas de agua de lluvia en el estado de Maranhão, reconocida como parque nacional por el ICMBio. De todos los lugares que vio en Brasil, este fue su favorito. “Fue impresionante, de verdad”, dijo. “Nada que se parezca a lo que había visto antes.”
Patricia se adentró en las dunas y las lagunas a caballo, una experiencia organizada y guiada por el equipo de PlanetaEXO y sus socios locales. Ahora compartimos su historia para enseñarte cómo se vive de verdad una travesía a caballo por los Lençóis Maranhenses. ¡Descúbrela abajo!
Monta desde los 10 años (pero nunca sobre arena)
Patricia no eligió la travesía a caballo por probar algo distinto. Lleva montando desde niña, así que la silla era terreno conocido. El terreno, no. “Monto desde los 10 años”, contó, “pero cabalgar sobre la arena es muy distinto.”
Cruzar las dunas no se parece en nada a dar vueltas a un prado: el suelo cede, el caballo trabaja más y la ruta se alarga durante horas entre lagunas, en lugar de girar dentro de un picadero vallado.
Para una amazona con experiencia, ese contraste es justo lo interesante: la técnica sirve igual, pero el escenario convierte una actividad conocida en algo nuevo.
Riding on sand is very different — but the bond is the same.
Lo que más se le quedó a Patricia fue lo remoto del lugar. El grupo pasaba el día entero sobre los caballos, lejos de la cobertura del móvil, sin nada que le tirara de la atención.
“Estábamos todo el día montando y simplemente tenías tiempo para pensar”, reflexionó. “Eso no lo tienes casi nunca en tu día normal.” En un parque donde las lagunas de agua de lluvia se abren entre dunas que llegan a los 40 metros, el paisaje se basta solo. No hay lista de reproducción ni notificaciones: solo arena, agua y el paso del caballo.
Ese tipo de desconexión es parte de por qué montar a caballo en los Lençóis Maranhenses se siente tan distinto de una excursión de un día. No visitas las dunas: conectas con la naturaleza y vives dentro de ellas durante varios días.
Rainwater lagoons sit between dunes up to 40 meters high.
En un sitio sin carreteras, sin señales y sin cobertura, el guía lo es todo. El de Patricia dejó huella.
“Me impresionó mucho mi guía, cómo sabía leer el paisaje y tenía clarísimo por dónde ir”, recordó. “Sin el móvil ni Google Maps me habría perdido del todo.”
Llevaba años haciendo la ruta y conocía a todo el mundo por el camino, lo que le daba al viaje entero el aire de una pequeña comunidad que trabaja junta, más que el de un circuito turístico. Como le dijimos a Patricia, un guía puede salvar o hundir un viaje, y en un lugar como los Lençóis son sencillamente imprescindibles.
With no roads or signposts, the guide reads the landscape.
Viajar sola siendo mujer
Antes de salir, Patricia escuchó la advertencia de siempre. “La gente me decía: ‘¿Seguro que quieres ir? Brasil no es el sitio más seguro, y menos para una mujer’.” Pese a los avisos, su experiencia fue justo la contraria.
“Sinceramente, me sentí segura todo el tiempo durante esas cuatro semanas”, dijo. Como el viaje fue tan espontáneo, llegó sin expectativas rígidas y se mantuvo abierta a lo que fuera saliendo. Esa actitud le salió bien, sobre todo teniendo en cuenta que reservó todo a última hora y le sacó partido a cada paso.
Eso no quiere decir que todas las noches fueran fáciles. La primera durmió en un alojamiento grande y abierto y se dio cuenta de que era la única mujer, aparte de la anfitriona. Patricia se asustó un poco, pero como nadie la molestó, enseguida se sintió cómoda.
La segunda noche fue menos inquietante y más absurda: su casa estaba elevada del suelo, detrás de una valla pensada para que no entraran animales, pero los cerdos pudieron con ella, la rompieron y montaron una guerra territorial ruidosísima bajo el entarimado toda la noche. La situación fue intensa, aunque al final todo salió bien.
Days in the saddle across a roadless desert of sand and water.
Viajar sin portugués tuvo un precio. La gente era cálida, pero la barrera del idioma dejaba las conversaciones cortas. “Fue cercano pero distante”, confesó Patricia, y si vuelve, aprender algo de portugués está en lo alto de su lista para poder preguntar de verdad y conectar.
Aun a distancia, hubo algo que le quedó claro. “La gente parece que está viviendo la vida de verdad”, nos contó, describiendo cómo los locales estaban siempre presentes en lo que hacían, mucho menos acelerados que en los países que había visitado antes.
La temporada baja hizo que su travesía fuera solo ella y el guía, pero los alojamientos igualmente trajeron compañía: conoció a dos viajeros franceses que hacían la misma ruta a pie y jugó a las cartas con ellos por las noches.
Low season: just one rider, a guide, and the horses.
Patricia sabía de antemano que el alojamiento sería básico. No lo habría querido de otra forma. “Sabía que sería sencillo, pero creo que eso es lo que hace que el viaje sea auténtico. Cualquier lujo quedaría fuera de lugar.”
En un entorno tan crudo, la comodidad no es el argumento de venta, pero la honestidad desde luego que sí. La recompensa fue personal: el viaje, dijo, “me hizo más segura de mí misma”, que no es poco para un primer viaje largo en solitario por un continente desconocido.
Patricia's next dream: jungle lodges and river cruises in the Amazon.
Recorre los Lençóis Maranhenses a caballo con PlanetaEXO
Ahora que has visto la travesía de Patricia con sus propios ojos, ya sabes lo que te piden las dunas y lo que te devuelven: días en la silla, desconexión total y un guía que se sabe la arena de memoria.
PlanetaEXO es una plataforma de ecoturismo especializada en tours por los Lençóis Maranhenses. Trabajando junto a guías y operadores locales con experiencia, nos encargamos de la logística para que tú te concentres en montar, desde la primera reserva hasta la travesía por uno de los paisajes más surrealistas de Brasil. ¡Contáctanos ahora!
Cómo una expedición al Himalaya reforzó el vínculo entre Mila y Lorenzo Ricetti
La maternidad se describe muchas veces como un viaje, pero para Mila Ricetti (56) y su hijo Lorenzo (24) se materializó en una expedición literal por los paisajes rústicos de Nepal con el trek de Mardi Himal, en la región del Annapurna, una ruta que invita a una introspección profunda frente a la grandeza del Himalaya.
Photo: CJ
Mila ya tenía planeado un retiro de yoga. Para celebrar que Lorenzo se graduaba en Derecho y el nuevo capítulo que se le abría, cambiaron el programa para incluir el trekking. Con el apoyo de PlanetaEXO en la organización de la logística, madre e hijo cambiaron las fiestas de graduación de siempre por el silencio de la altura.
Photo: CJ
Juntos consiguieron conectar todavía más en uno de los escenarios más bonitos y enigmáticos del mundo.
La belleza del camino
En Nepal, la espiritualidad no está solo en los templos, sino en el propio ritmo del caminar y en las vistas desde las cumbres después de una jornada larga.
“Nos levantamos a las 3 de la mañana para subir las montañas y ver el amanecer”, recuerda Mila. No pensaba que fuera a llegar a tiempo, pero fui a mi ritmo y salió bien. Fue precioso y muy emocionante.”
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El cielo estrellado que parecía lo bastante bajo como para tocarlo, la oscuridad helada y los picos nevados cubiertos de luz dorada convirtieron aquel momento en un intercambio rico, donde el silencio entre un paso y el siguiente hablaba más alto que mil palabras, sobre todo en tan buena compañía.
Viajar a Nepal exige resistencia física y preparación mental. Para Mila y Lorenzo, la dureza del terreno funcionó como catalizador.
El viaje marcó una transición clara: de las “vacaciones en familia” de toda la vida a una experiencia compartida entre dos adultos. El simple gesto de caminar uno al lado del otro durante horas creó un espacio seguro para el diálogo y la observación mutua.
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“Fue maravilloso tener esa compañía por encima de todo, ayudarnos y resolver los problemas juntos. Fue una gran experiencia de maduración para nuestra relación”, cuenta Lorenzo.
A Mila, aquel entorno inmersivo le dio un espacio sin interrupciones para apreciar el momento presente y, sobre todo, la presencia de Lorenzo bajo una luz nueva. “Fue una intimidad con el entorno, conmigo misma y con mi hijo al lado. Todo encajaba tan bien que estaba sin preocupaciones e increíblemente feliz.”
Fuerza en la vulnerabilidad e inspiración mutua
Enfrentarse a la altitud, al frío y al agotamiento físico exigía un nivel de confianza que solo se forja en la adversidad. El apoyo mutuo se volvió vital cuando encontraron fuerza en darse espacio para lidiar cada uno con sus propios límites: la limitación cardiaca de Mila y el miedo a las alturas de Lorenzo en los descensos más empinados.
Photo: CJ
“Me di cuenta de que no podía hacer nada para cambiar la situación, así que me centré en hacer lo que estaba en mi mano para superarlo. Y luego ella vino justo detrás”, dice él, recordando que cada uno tuvo su experiencia individual y cómo se encontraron a mitad de camino.
Ver a su hijo sortear esos obstáculos cambió la perspectiva de Mila. Ya no se trataba de protegerlo de cada peligro, sino de respetar el espacio del otro y actuar como verdaderos compañeros.
Pensando en el Día de la Madre y en lo que significa compartir este camino, la historia de Mila y Lorenzo recuerda que el mayor regalo que se le puede hacer a un hijo es presencia y ejemplo. El viaje a Nepal ancló todavía más una relación ya de por sí llena de cariño.
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Para Lorenzo, el viaje fue también un momento para reconocer la base que su madre construyó durante años y que le permitió llegar a ser el hombre que es hoy. “Lo que más admiro es cómo me crio. Que ella creyera en sí misma fue esencial. Si no hubiera tomado las decisiones que tomó como las tomó, seguramente no estaríamos donde estamos hoy.”
Al final, Nepal fue solo el escenario, pero el destino de verdad era la conexión profunda y madura entre madre e hijo.